Tareas semana 2
Imprimir el texto para la clase 7 Lunes 20 agosto
Llevar hojas blancas, colores, marcadores de punto fino para la clase 12 viernes 24 de agosto
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Autobiografía
de Gabriel García Márquez
Mi
nombre es Gabriel José de la Concordia García Márquez, aun cuando el mundo de
la literatura me recuerda más comúnmente como Gabriel García Márquez, y
aquellos que me quieren como el Gabo, apodo que se popularizó en conjunto con
la fama de mis novelas y el Nobel de Literatura que recibió mi célebre novela
Cien Años de Soledad, aun cuando a mí siempre me pareció mucho mejor mi novela
El Amor en los tiempos del Cólera, donde cuento cómo se conocieron mis padres.
Primeros
años
Nací
en el pueblo costero Aracataca, en el departamento del Magdalena, en Colombia,
el 6 de marzo de 1927, convirtiéndome así en el hijo de Gabriel Eligio García,
telegrafista llegado a Aracataca, y Luisa Márquez, hija del coronel liberal
Nicolás Ricardo Márquez Mejía, militar liberal en quien años después me inspiré
para escribir el personaje del general Aureliano Buendía.
Cuando
vivía mis primeros años, mi padre decidió cambiar de profesión, convirtiéndose
en farmaceuta, razón por la cual se mudó en enero de 1929 a la ciudad de
Barranquilla con mi madre. Por mi parte, yo permanecí bajo el cuidado de mi
abuelo Nicolás y mi abuela Tranquilina Iguarán Cortés, a quien yo llamaba
“mina” y que llenó mi imaginación con historias de supersticiones, fantasmas e historias
fantásticas, convirtiéndose en mi primera influencia literaria, y en semilla de
lo que me haría nacer al Realismo Mágico, pues combinaba la realidad con la
fantasía de una forma tan natural y fehaciente que no cabía duda de lo que
estaba contando.
No
obstante, cuando cumplí ocho años, el abuelo murió, y la ceguera se había
adueñado de los ojos de mi abuela mina. Así que me mudé a Sucre, con mis
padres. Allí cursé algunos años de
educación, antes de ser enviado a un internado en Barranquilla. En esos años,
descubrí mi amor por las letras y la comedia, aun cuando era identificado como
un chico tímido.
En
1940 me estrené como poeta, publicando algunos versos en la revista escolar del
Colegio San José, el cual era dirigido por los jesuitas. Así mismo, me gané una
beca, por parte del Gobierno, recibiendo de premio ser enviado a un liceo en
Bogotá. No obstante, por modificaciones estratégicas, terminé en Zipaquirá, un
pueblo a una hora de Bogotá, donde hacía mucho frío y en donde cursé mis
estudios secundarios en el Liceo Nacional de Zipaquirá.
Oficio
de periodista
A
pesar de todo, logré destacar en varias disciplinas deportivas, como por
ejemplo el béisbol, el atletismo y el fútbol. Finalmente, en 1947, me gradúe
como bachiller, y a pesar de querer regresar a la costa, permanecí en Bogotá,
donde ingresé a estudiar Derecho, en la Universidad Nacional de Colombia.
Fueron años de mucha lectura y escritura, y aun cuando en ese momento ya sabía
que quería dedicarme a escribir y hacer periodismo, decidí permanecer en la
Universidad para complacer a mi padre. Sin embargo, no desistí en mi vocación,
y el 13 de septiembre de 1947 publiqué mi primer cuento en el diario El
Espectador, el cual titulé La tercera resignación.
Sin
embargo, el destino haría que no terminara esa carrera, pues los disturbios del
Bogotazo, ocurridos en 1948, a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán,
llevarían al cierre indefinido de la Universidad, y hasta al incendio de la
pensión donde vivía. Decidí regresar a Cartagena, en donde ingresé a la
Universidad de Cartagena, para continuar con la misión de convertirme en
abogado. Al mismo tiempo, tuve la oportunidad de conseguir un cargo de
reportero en el periódico El Universal.
A
los dos años no había remedio, mi pasión era el periodismo, así que en 1950 le
dije adiós a los estudios de Derecho y me centré en el oficio de periodista.
Por consiguiente, me mudé a Barranquilla, ciudad donde obtuve un puesto como
columnista en El Heraldo. Así mismo, ocho
años después de arduo trabajo, decidí que era hora de casarme, así que contraje
nupcias con Mercedes Barcha, a quien había conocido en un baile de estudiantes,
en aquellos años en los que visitaba a mis padres en Sucre, cuando tenía trece
años.
Un
año después, Mercedes y yo tuvimos la dicha de convertirnos en padres, trayendo
al mundo a Rodrigo García Márquez. En 1961 decidimos como familia mudarnos a
Nueva York, donde empecé a ejercer como corresponsal de la agencia cubana de
noticias Prensa Latina, no obstante las presiones y amenazas de los sectores
enemigos de la Revolución Cubana me hicieron desistir, y preferí partir con mi
familia a México. En 1964 nació mi segundo hijo, Gonzalo. Desde entonces me
enamoré de Ciudad de México, donde decidí vivir siempre, y escribí las
historias de mayor relieve en mi carrera.
Triunfo
como escritor
En
este aspecto, la verdadera fama como escritor cayó sobre mí luego de la
publicación de Cien Años de Soledad, la cual fue publicada por primera vez en
1967, convirtiéndose en un verdadero fenómeno en ventas, lo cual cambió mi vida
para siempre. Sin embargo, más allá de los premios y las entrevistas, yo quería
seguir escribiendo. También tuve que soportar el título de subversivo, debido a
mi relación de amistad con Fidel Castro, teniendo como consecuencia que me
negaran durante años la visa a Estados Unidos, hasta que el presidente Bill
Clinton, quien aseguraba que Cien Años de Soledad era su novela favorita retiro
la prohibición.
En
1981, regresé a Colombia y tuve que huir, pues el presidente de Julio César
Turbay me acusaba de financiar el grupo guerrillero M-19, por lo que tuve que
exiliarme a México. Un año después me fui galardonado con el Premio Nobel de
Literatura, por Cien Años de Soledad, aumentando aún más la fama de esta
historia, la cual pasó a ser por antonomasia modelo del Realismo Mágico, como
los críticos bautizaron a esa forma de escribir que conjugaba verdad y
fantasía. Los años siguientes los pasé escribiendo y alternando el paisaje
entre México, La Habana y Cartagena de Indias.
Dentro
de mi obra literaria más destacada, se encontraba Los funerales de la Mamá
Grande (1962), La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba
(1961), Relato de un náufrago (1970), Ojos de Perro Azul (1972), El otoño del
patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los
tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989), Del amor y otros
demonios (1994), Doce cuentos peregrinos (1992), Vivir para contarla, entre
otras. No obstante, mi favorita –como siempre lo mantuve ante la prensa- es El
amor en los tiempos del cólera.
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